Jaén y San Ignacio son dos ciudades de la selva alta peruana,
capitales de las provincias del mismo nombre, ubicadas en la región Cajamarca,
en el límite norte del Perú, en la frontera con Ecuador. Jaén es una ciudad
intermedia, con un dinamismo comercial muy grande, mientras que San Ignacio es
una ciudad más pequeña y apacible, que aún mantiene un ritmo de vida muy rural.
Ambas ciudades han tenido un reciente desarrollo muy
importante, vinculado principalmente a la producción agropecuaria. Si bien son
interesantes y tienen bellos paisajes en sus entornos, no son destinos turísticos
y la mayor parte de viajeros que llegamos a ellas, vamos de trabajo o estamos
de paso hacia otros destinos. Jaén concentra una importante industria vinculada
al café y el arroz, San Ignacio, en un territorio más agreste y alto,
principalmente café.
Vista desde una finca cafetera |
La primera vez que fui a Jaén, lo hice como turista. Partí de Chiclayo y me fui manejando con mi familia a bordo. La ruta es interesante y los dos días en Jaén fueron muy agradables. Visité amigos de la universidad, y pude bañarme con mi familia a orillas del río Marañón, en una playa cercana al pueblo de Bellavista. En esa oportunidad me hospedé en el Hotel El Bosque, perfecto para una visita en familia, con Bungalows simples pero suficientes y una piscina.
Todas las demás veces que he ido a Jaén, la visita ha
incluido San Ignacio. Las primeras veces partiendo en bus desde Chiclayo, una
vez en auto colectivo desde Tarapoto. Las tres últimas veces ya por vía aérea,
lo que simplifica notablemente el viaje. Cada vez que he tomado un vuelo a
Jaén, la composición del vuelo ha sido más o menos la misma. Quizás un tercio
de lugareños, un tercio de turistas que van hacía Chachapoyas y otro tanto de
personas que van por trabajo a Jaén, San Ignacio o cualquier ciudad cercana. De
hecho, el número de turistas en ambas ciudades es muy bajo y los mejores
hoteles están concentrados en la atención de viajeros de negocios.
El viaje entre Jaén y San Ignacio, de unas 2.5 horas es casi
totalmente en el fondo de un valle de selva alta, salvo el último tramo en el
que se asciende hacía San Ignacio. Todo el camino con bellos paisajes, en una
carretera bastante buena. Si bien San Ignacio es una ciudad pequeña, tiene un
excelente hotel, el Gran Hotel San Ignacio, perfecto para una estadía cómoda.
Los paisajes en las cercanías de la ciudad son preciosos, de hecho, también los
he disfrutado visitando caficultores. Los caminos son muy tortuosos, pero la experiencia
es muy agradable.
En San Ignacio he comido poco: en el Tundal, a unos pasos de
la Plaza de Armas, con comida típica que no llega a destacar, pero un grato
ambiente. En el Tampico, a la entrada de la ciudad, un restaurante campestre
familiar, pequeño, pero con un excelente sabor, definitivamente recomiendo este
restaurante. Alguna vez me llevaron a comer a un restaurante en la salida que
va hacia Ecuador, donde disfrute de un delicioso cuy, pero lamentablemente no
recuerdo su nombre ni aparece en el mapa. El hotel tiene un restaurante que también
es bastante bueno.
En Jaén me he hospedado en varios hoteles, los dos mejores
el Prims Business Class, en la misma Plaza de Armas y el Casa del Sol, a media
cuadra de ella. He comido en muchos restaurantes en la ciudad y en diversos
cafés. Quizás el más conocido y antiguo es el Rinconcito Jaeno, sin embargo, no
me parece una gran opción. El Lactobac en la Plaza de Armas también es una
alternativa tradicional, no destaca, pero es suficiente.
Cooperativa cafetalera |
En Jaén prefiero explorar nuevas opciones. Para disfrutar un
buen café hay hasta tres opciones muy buenas: Apu, la cafetería de la
Cooperativa Cenfrocafe, Lima Coffee y MyFinca. Para comer son buenas opciones
MyFinca (que en mi última visita era ya el mejor restaurante de la ciudad), La
Cabaña y D’Flavia (deliciosas empanadas), aunque hay muchos otros restaurantes
que van destacando.
Aunque no sean un destino por sí mismas, Jaén y San Ignacio son ciudades interesantes. Creo con un importante potencial para el turismo vivencial vinculado al café. En cierta forma, muy similares al eje cafetero colombiano que visité hace algunos años. Las montañas que circundan el valle en el que se encuentran proporcionan hermosas vistas. La gente es amable, la comida agradable y variada, un poco de costa, otro tanto de sierra y un poco ya de selva, el clima sano y, además, es ahora muy fácil llegar en un vuelo directo desde Lima.
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