domingo, 26 de julio de 2020

Santa Cruz, la ciudad de los anillos

Santa Cruz de la Sierra es una ciudad que me sorprendió. Al llegar, en la madrugada de un martes de carnaval, tuvimos una primera mala impresión. No había taxis en el aeropuerto. Casi ni gente. Tras unos 20 minutos de espera, llegó un auto destartalado (timón cambiado, por cierto) dejó unos pasajeros y lo tomamos rumbo al hotel en el centro de la ciudad.

Tras un recorrido inicial por una zona periurbana, con grandes tiendas de maquinaria agrícola (lo más resaltante que vi), ingresamos a una ciudad moderna, pero muerta. Mientras más nos acercábamos al hotel, más nos sorprendía ver todo cerrado y muchas paredes y ventanas protegidas con plásticos o cartones.


El Hotel Cortez, donde nos hospedamos las dos primeras noches, perfecto. Antiguo, pero en excelentes condiciones, servicio amable, gran piscina, habitación confortable. Descansamos un rato pues habíamos pasado toda la noche entre el aeropuerto y el vuelo. Hacia la hora del almuerzo decidimos salir a caminar hacia el centro. Como conociendo un poco, como buscando donde almorzar.


La sensación fue la misma. Una ciudad que parecía en estado de guerra. Todo cerrado, todo protegido con plástico o cartón. No entendíamos nada. Al salir de Lima no había leído noticias sobre un conflicto social en Bolivia. Igual, casi nadie en las calles. Finalmente encontramos un supermercado medio abierto, compramos agua, jugos, gaseosas, algunos snacks y encontramos respuesta a nuestra inquietud: era martes de carnaval, todos bailaban y pintaban paredes, por eso la protección de los locales.

Ya sabiendo que la situación era “normal”, seguimos caminando hacia el centro, el que se encontraba cercado para evitar que los carnavaleros entren y lo pinten sin respeto. Más antiguo y clásico que la ciudad moderna que habíamos visto, pero muy bonito. Mención aparte para la Catedral Metropolitana, realmente hermosa. La Plaza Principal 24 de setiembre también muy bella y llena de palomas, lo que les encantó a mis hijos.


El clima, perfecto. Cálido, pero no sofocante. La ciudad es atractiva, no como destino turístico fundamental, pero si como un lugar para sentirse cómodo, disfrutar de la piscina del hotel e involucrarse un poco en la vida de la ciudad. De hecho, el Hotel Cortez fue perfecto. Luego, al retornar de Cochabamba, nos hospedamos en Hotel Libertador Simón Bolívar, mucho más modesto, pero suficiente, pues ya sólo estábamos de paso.

Comimos muy bien en Santa Cruz. Recuerdo La Casa del Camba, un restaurante tradicional a pocas cuadras de nuestro primer hotel. Comida típica sabrosa, a buen precio, en un local amplio y agradable. En algún lugar del centro comimos en un Rodizio brasilero, sencillo y económico, pero delicioso también. Visitamos buenos cafés y tomamos algunas cervezas en uno de sus pubs del centro de la ciudad. Que realmente nos resultó notablemente bueno. Notable el Ventura Mall, sorprendente pues está a la altura de los mejores que conozco, no es que me encanten los malls, pero siempre dan un reposo, la oportunidad de comer y comprar algo. Su entorno lleno de restaurantes elegantes lo hace aún más interesante.


En general, si bien claramente Santa Cruz no es un destino turístico, si es una hermosa ciudad, donde se puede pasar unos días muy agradables. Supongo volveré, como parte de una travesía que involucre algunos otros destinos.


miércoles, 15 de julio de 2020

Huancayo

Por su cercanía a Lima, Huancayo es uno de los principales destinos de fin de semana o feriados largos. La primera vez que fui, el bus demoraba sólo 6 horas en llegar. Pero ahora, por el terrible tráfico en la carretera central y la absoluta falta de inversión pública, el trayecto puede demorar unas 9 horas, incluso más, si se tiene mala suerte y se juntan varios camiones en la ruta.

La ciudad en si es poco atractiva, siendo un destino básicamente para hospedarse y desde ella hacer los tours por el hermoso Valle del Mantaro que la circunda. En algún momento seguro escribiré sobre los atractivos en el Valle del Mantaro, hoy me centraré en qué hacer en la ciudad.

Sin embargo, se me ocurren pocas cosas que hacer en la ciudad. Para ser sincero, no tiene atractivos que resalten o que hagan valer la visita sólo al área urbana.

Sobre la Avenida Real en el centro de la ciudad se encuentran 2 parques, ambos bonitos, pero no demasiado interesantes: la Plaza de la Constitución y la Plaza Huamanmarca. Hay pocas cuadras entre ambas. Sobre la Avenida Real (la principal de la ciudad) que siempre tiene el tráfico pesado y mucho comercio. En la Plaza de la Constitución está la Catedral, que es bonita, no de las mejores del país, pero si interesante. En la Plaza Huamanmarca la construcción más interesante es el Hotel Turismo y, dos cuadras a espaldas de este, la Iglesia María Inmaculada.

En perpendicular a la Avenida Real, junto a la Plaza de la Constitución, se encuentra la Avenida Giraldez, que lleva hacia el Real Plaza, en ella hay bonitas casonas de época, hoy mayormente venidas a menos. Tomando un taxi, se puede ir a la Plaza de la Identidad Huanca, que es pequeño y bonito, pero nada más que eso.

En un viaje reciente fui al Museo de la Memoria en Chilca, pero realmente no vale la pena la visita. Arquitectónicamente tiene un cierto interés, pero un primer piso entero que me pareció una apología (o al menos una justificación) del terrorismo me hicieron absolutamente deleznable la visita.

Lo que si tiene de bueno Huancayo son hoteles, restaurantes y bares.  Sin dudarlo mi hotel favorito es el Turismo, por la arquitectura, el ambiente añejo, su bar, el servicio. Es el tipo de hotel antiguo y clásico que me encanta. Pero hay muchas otras alternativas, para todos los presupuestos. Entre los nuevos, aunque algo lejos del centro, el Gran Palma es una excelente alternativa.

Para comer, sin dudarlo, el restaurante Detrás de la Catedral, para mi gusto el mejor. Hay múltiples opciones y algunos restaurantes campestres notables. En el centro otros clásicos son El Olímpico, El Inca y el Leopardo. En todos ellos he comido muy bien. En el Inca los calientitos son muy buenos. En comida China, el Chifa Centro es también notable. La Cafetería Coqui, sin dudarlo, la mejor de la ciudad.

Para beber hay muchas opciones. En mi onda tranquila de barra y sólo, El Galileo en La Breña es una gran opción, música a mi gusto, en un ambiente tranquilo. El Cava, sobre la Plaza de la Constitución es más elegante y sofisticado, pero la música no me agrada. En el Jr. Puno hay casi infinitas opciones, pero si uno está solo, para ir temprano y arrancar cuando la noche empieza.


sábado, 4 de julio de 2020

Cinco bares cuzqueños

Cuzco es el principal destino turístico del Perú. Hoy, en cuarentena y sin turistas, los días resultan aburridos y hasta tristes. En condiciones normales, la oferta de bares y discotecas es muy diversa en la ciudad. La mayoría de ellos orientados a jóvenes y juergueros, lo que definitivamente se encuentra ya fuera de mi gusto. Sin embargo, alguien de mi edad (y preferencias poco comunes en mi país) puede siempre encontrar un lugar donde sentarse, disfrutar de la música y tomar unos tragos.

Como comenté en otro post, uno de mis bares favoritos en el país es el Norton, y con el empiezo…

Norton Rat's Tavern (Cuzco, Santa Catalina Angosta 116), con un balcón que ofrece una privilegiada vista a la Plaza de Armas de la ciudad, este bar debe ser uno de los que tiene una de las mejores vistas del país. Cuando estoy por Cuzco, lo suelo visitar por las mañanas, ni bien lo abren, para tomarme una (o dos o tres) Pilsen Callao en el balcón. Usualmente es un bar preferido por turistas extranjeros, aunque siempre hay mesas con cuzqueños o peruanos, que no suelen ser la mayoría. Lo más usual es que los turistas se junten a ver deportes en sus pantallas, jugar a los dardos o simplemente beber. Uno de sus puntos fuertes es su amplia oferta de cervezas, desde artesanales peruanas hasta inglesas o belgas. Además, cuenta con todos los licores y cócteles que alcanzo a imaginar y, de hecho, siempre está muy animado, desde las 10am que suelen abrir.

Paddy’s Irish Pub (Triunfo 124), un concepto muy similar al Norton, aunque en un local mucho más pequeño. La música es excelente. La variedad de cervezas y tragos, mucho más reducida que en el Norton, pero igual suficiente. Se puede comprar acá cerveza Guinness, incluso el local presume de ser uno de los locales a más altura del mundo donde se vende. Fue el primer bar que visité en Cuzco, hace ya 20 años de ello y mantiene el mismo ambiente (lo que es perfecto para mi). Todo es muy cosmopolita y usualmente suelo ser el único cliente peruano o uno de los pocos, lo que, para mí, no es problema, pues soy un hombre de barra y de concentrarme en mi bebida.

Sancho Panza Pintxos y Tapas (Suecia 343 C), si bien es más un restaurante de comida española, lo más sorprendente es su enorme variedad de cervezas artesanales propias. Creo hay más de 20 variedades, he probado varias y todas ellas me han resultado muy agradables, distintas a lo que usualmente uno toma en cualquier otro bar. El local es pequeño, acogedor, el servicio personalizado y es perfecto para comer y beber.

Museo del Pisco (Santa Catalina Ancha 398), una cadena que tiene, además del local en Cuzco, uno en Arequipa y dos en Lima. El ambiente es cómodo, la atención muy esmerada, pero lo mejor son los cocteles a base de pisco. Los chilcanos y pisco sours son notables, con una creatividad muy alta en su concepción y sabores que salen de lo común. Tienen además muy buenos piqueos y vale absolutamente la pena la experiencia. Algunos días hay conciertos, donde tocan música internacional, haciendo de la velada muy interesante.

Rock House (Tecsecocha 420), un antro rockero en toda regla. Perfecto para escuchar muy buenos conciertos de rock, en un ambiente bohemio y sin complejos. Quizás el mejor local de la ciudad para los rockeros. Siempre que he ido hay muy buenos grupos, con gran sonido. El ambiente es básico, sin pretensiones, un local para beber y escuchar música, sin nada sofisticado, ni una oferta amplia de licores. Para sentarse, tomar unas Pilsen, rockear y mandar al diablo lo demás.


martes, 30 de junio de 2020

Montevideo

Montevideo, capital del Uruguay, es una ciudad apacible y de mediano tamaño. Comparada con otras capitales del continente, una ciudad tranquila y ordenada, con un tráfico suave, sin aspavientos ni congestiones y un excelente sistema de transporte público. Aunque no tiene un metro, los grandes buses que circulan por la ciudad son perfectos para trasladarse cómodamente por ella. La primera vez que la visitamos fuimos en bus desde Colonia del Sacramento, la segunda vez en un auto que arrendamos en Colonia y nos permitió disfrutar con tranquilidad de la ciudad y parte del interior del país.


Montevideo es una ciudad marcada por el Río de la Plata. Desde la Ciudad Vieja, pasando por Punta Carretas y Pocitos se extienden infinitas ramblas que juntan la ciudad con el río. Lugares amplios y tranquilos, que ambas veces que estuvimos en la ciudad tenían a muchas personas disfrutando del sol otoñal o haciendo ejercicios.


En ambas oportunidades, han sido tres los ejes en los que nos hemos movido: el primero de ellos, el eje entre la Ciudad Vieja y el Estadio Centenario y el inmenso parque que lo circunda, el segundo la zona de Punta Carretas y Pocitos, el tercer eje las ramblas que se extienden hasta Carrasco y más allá. Las dos primeras zonas pueden perfectamente caminarse, el camino de las ramblas si requiere un auto pues es una ruta bastante larga.


Quizás la parte más atractiva de la ciudad es la Ciudad Vieja y el Centro. Bellos edificios, principalmente de los siglos XIX y XX, entre los que destacan, sin ninguna duda, el Palacio Salvo y el Teatro Solís, ambos a muy pocas cuadras entre sí, en la zona denominada Centro.  Más allá del Teatro Solís se encuentra lo que se denomina la Ciudad Vieja, que se encuentra en un proceso de puesta en valor. Hay muchos restaurantes, tiendas de artesanía, todo alrededor de la peatonal Sarandí que empieza en la Plaza Matriz y lleva hasta el puerto antiguo.

La zona portuaria es muy interesante, en ella el Mercado del Puerto resulta encantador, con múltiples opciones para comer (aunque los precios son altos). Ambas zonas, la ciudad vieja y el centro se pueden explorar con tranquilidad durante una mañana o tarde. En la Calle Florida, a pocos pasos de la Plaza Independencia hay una tienda de artesanías y souvenirs, regentada por una persona muy mayor (no sé si aún viva) con una oferta muy diversa de pequeñas cosas para comprar a precios muy económicos.


Saliendo de la Plaza Independencia se camina con comodidad por la calle 18 de Julio, el eje central de la ciudad, con bonitos edificios a un lado y al otro. Se puede explorar las laterales. Resulta interesante la fuente de los candados, en la Plaza Juan Pedro Fabini, donde los novios enroscan un candado para jurarse amor eterno. Sugiero recorrerla a pie hasta la Intendencia de Montevideo y desde allí tomar un bus (o un taxi) hasta el Parque del Estadio Centenario, que es muy bonito y amplio. Acá se encuentra el Monumento a la Carreta, que es uno de los iconos de la ciudad. Esta segunda etapa del paseo se acomoda a una tarde (o una mañana).

Otra zona que nos resultó interesante de visitar fue Punta Carreta y Pocitos, donde hay muchos restaurantes de alta gama, con precios medios –altos, pero una gran sazón. Es una zona residencial que resulta interesante para quienes disfrutan de la arquitectura urbana. Se parece mucho Buenos Aires, aunque sin el tráfico ni la desesperación que uno percibe en las calles. El Punta Carretas Shopping es un buen lugar para ir de compras (si se está dispuesto a comprar a altos precios) o sólo a descansar un rato en sus cafés o incluso disfrutar de su cómodo cine.


El paseo por las ramblas en ruta hacia Carrasco y la Ciudad de la Costa si requiere de un tour o un auto pues es bastante largo. Imposible de caminar. Si uno desea disfrutar de las ramblas más próximas al centro de la ciudad es perfecto, todas son lindas y tranquilas, con muchas personas disfrutando de ellas.

Montevideo es una ciudad tranquila. Las personas son muy amables, no hay temor en pedir un dato sobre donde ir y como llegar, todos responden con lujo de detalles y te hacen sentir bienvenido. Algo que, definitivamente, no se puede decir de otras ciudades. La amabilidad de la gente, la belleza urbana de la ciudad y las postales que las ramblas dan del río de la Plata son un perfecto motivo para volver alguna vez más.


Ah, verdad, inolvidable e imperdible, las Empanadas Las Cibeles, en San José 1242, centro de la ciudad, copio lo que postee en el Tripadvisor en caliente luego de visitarla dos veces “Las empanadas son maravillosas y los pasteles deliciosos, el pastel de pollo sublime. En un local antiguo, con un servicio espectacular. Pocas veces nos hemos sentido tan a gusto en un restaurante. Los dos días en Montevideo desayunamos acá, para que buscar más si lo que encontramos fue perfecto. Realmente felicitaciones. Los precios increíbles, la mejor comida en el viaje, al mejor precio posible. Cuando volvamos a Montevideo, seguro volveremos a comer aquí”.


jueves, 25 de junio de 2020

Colonia del Sacramento - Uruguay

Colonia del Sacramento es un encantador pueblo colonial del Uruguay. Es muy fácil llegar desde Buenos Aires y Montevideo. Definitivamente, uno de esos lugares entrañables a los que siempre se quiere volver. Es un asentamiento muy antiguo, entiendo el más antiguo del Uruguay y tiene un pasado de pertenencia a los imperios portugués y español que es apreciable en su arquitectura. Incluso fue invadida por los ingleses durante sus incursiones en el río de la Plata, en los años de la independencia sudamericana.



Desde Buenos Aires se llega en alrededor de una hora con treinta minutos en los ferrys. Entiendo que hay algunos más grandes y lentos, pero los que tomamos las dos veces que fuimos fueron bastante rápidos. En ambas oportunidades sólo estuvimos de paso, en un full day en el pueblo, en ruta hacia Montevideo. La primera vez sólo paseamos a pie, la segunda alquilamos un auto eléctrico que parecía de juguete, perfecto para desplazarnos.



Desde el puerto es posible caminar hacia la zona colonial, son unas pocas cuadras, en un pueblo que es encantador, con gente amable, tráfico reposado y un ambiente calmado que realmente es relajante, más aún llegando (en ambos casos) desde Buenos Aires, que es una ciudad acelerada, de terrible tráfico y personas siempre con la apariencia de ir corriendo.



Recuerdo que la primera vez llegamos poco antes del almuerzo, ya con hambre decidimos hacerlo antes de pasear por la zona colonial. Pedimos sin pensar, en un restaurante en la zona moderna del pueblo, 2 “chivitos”, uno de los platos típicos del Uruguay. Supongo que la persona que nos atendió supuso éramos muy tragones y no nos advirtió sobre su tamaño, uno hubiese sido suficiente para ambos. En la segunda oportunidad paseamos y luego comimos en un restaurante dentro de la zona turística, los platos si eran más razonables en tamaño y realmente ricos. En general las dos veces que hemos ido al Uruguay todo ha estado perfecto, en todos los sentidos.


Creo que hay muy poco que se pueda decir sobre Colonia del Sacramento. Es un lugar pequeño, perfecto para recorrer a pie. La zona turística es como una pequeña punta, y se encuentra rodeada por el río de la Plata en tres de sus frentes. Se puede bajar a la orilla del río en varios puntos del pueblo y, de hecho, la tranquilidad y serenidad del entorno hacen que la experiencia sea de paz y armonía. Hay restaurantes pequeños por acá y por allá, tiendas de souvenirs y algunos bares. Si el presupuesto es holgado, se puede comer, beber y comprar acá. Si el bolsillo va ajustado, es mejor hacerlo en el pueblo moderno, donde los precios son diametralmente distintos.




Recordar mi paso por Colonia del Sacramento me hace desear volver. Seguiré explorando ofertas de vuelos a Buenos Aires y desde allí seguro doy el salto. Aunque hay tantos lugares por conocer, creo que volver a disfrutar del Uruguay es una excelente opción. Desde Perú es mucho más barato volar a Buenos Aires y así se puede visitar esta fascinante ciudad y a la vez un entrañable país como el Uruguay en el mismo viaje.


lunes, 22 de junio de 2020

Evanston - Chicago

Cuando, en una conversación informal en la oficina, comenté que iría a Chicago, uno de mis colegas me indicó que, si tenía tiempo disponible, debía ir a Evanston, donde queda la Northwestern University, donde él había seguido unos cursos. Nos comentó que era un suburbio muy bello de la ciudad. Me dio las instrucciones para llegar, algo bastante simple, utilizando el excelente servicio de Metro de Chicago.


Llegamos a Chicago hacia medio día, poco después de la 1.30 estábamos ya en el hotel. Una línea del metro nos llevó desde el aeropuerto O’Hare al centro de la ciudad. Nos dejó en el loop, allí tomamos otra línea y 2 ó 3 estaciones luego, bajamos y caminamos al hotel, que estaba a pocas cuadras de allí. Nos registramos, nos duchamos y sobre la marcha salimos hacia Evanston. La ruta inversa. Salimos del hotel, fuimos a la Estación del Metro cercana, tomamos uno hacia el Loop y en este hicimos transbordo a la línea que nos llevaba a Evanston. Luego, me enteré que Metra también nos hubiera trasladado a Evanston, su estación se encuentra a pocos pasos del hotel donde nos quedamos. Ya habrá oportunidad de viajar en esos hermosos trenes de dos niveles.


A pesar de ser parte del infinito conurbano de Chicago, Evanston es un pueblo con un ambiente distinto. Muy poco tráfico, vida apacible, hermosas e inmensas residencias. Tras bajar en la Estación Davis, caminamos unas pocas cuadras por un hermoso pueblo americano. Encontramos donde almorzar (ya era bastante tarde). El restaurante acogedor, de comida árabe, precios muy buenos para un peruano. Tuvimos un sabroso almuerzo, con una amable atención, a pesar de nuestras limitaciones con el inglés.


Luego empezamos a caminar y nos dirigimos a la Northwestern University, cuyo campus es totalmente abierto, de libre acceso. Sin darnos cuenta ya estábamos dentro, disfrutando su fascinante arquitectura. Caminamos por acá y por allá, nos sentimos unos universitarios más.


La universidad tiene un área de residencias para sus docentes, inmensas y bellas casas, realmente debe ser un lugar perfecto para vivir. Además, se encuentra junto al lago Michigan, con preciosas vistas. Las áreas verdes son muy amplias. Fuimos a mediados de primavera y todo estaba empezando a reverdecer, dejando atrás el crudo invierno de la zona. Caminamos por la universidad, salimos (o no salimos, no lo sé) y seguimos caminando como yendo hacia el centro del que parecía muy lejano Chicago.


Finalmente, cuando empezaba a anochecer, decidimos tomar el metro de retorno. El viaje es de más de una hora hasta el centro de la ciudad y estábamos bastante cansados, pero felices todos. La belleza del pueblo nos trasladó a otra época, otro mundo. Abordamos el Metro de retorno en la estación Main. Casi vacío hasta Chicago, pues a esa hora el flujo de traslado es contrario, con gente saliendo de la ciudad luego del trabajo y retornando a sus hogares en los suburbios.



Debo reconocer que nos asustamos un poco en el Metro. Había algunos homeless sobre el mismo. Pero ninguno de ellos fue ni agresivo ni intento pedirnos nada. Pero igual, cómo no estábamos acostumbrados a una experiencia así, fue un poco chocante. Al llegar a Chicago, en el Loop hicimos el transbordo a la línea que nos llevaría al hotel, donde llegamos a dormir placenteramente.


sábado, 20 de junio de 2020

De paseo por el río Chicago

Antes de viajar a Chicago, en la página Tripadvisor y en otras fuentes en internet, indagué sobre las actividades turísticas que debíamos realizar en la ciudad. Una de las opciones muy recomendadas era un paseo en lancha por el río Chicago, un tour que empieza y concluye en el Navy Pier. Había múltiples alternativas de paseos en bote, de diverso tiempo y costo, en el río y en el lago. Diversos paseos en el río, y desde paseos diurnos por el Lago Michigan, hasta cenas románticas en el mismo, de todo un poco. Finalmente, por restricciones de tiempo y presupuesto, escogimos la más barata, que era un paseo de poco más de una hora en el Río Chicago.




Tras pasear en la rueda de Chicago ubicada en el Navy Pier y almorzar en el patio de comidas, fuimos al embarcadero y empezamos el tour. El mismo es simple, un ida y vuelta por el río Chicago. Se “pierden” algunos minutos en la exclusa en la que se eleva el bote para entrar al río. De hecho, al río se le cambió el sentido. Antes desembocaba en el lago y ahora fluye hacia el Misisipi. Una solución sanitaria que sirvió también para el transporte de carga.





El recorrido es corto, poco más de una hora. Los minutos que se gastan en la exclusa son pocos y, de hecho, para quien no ha vivido una experiencia de ese tipo, algo interesante. Saliendo del lago, los primeros metros del recorrido, se discurre junto el Chicago RiverWalk, una zona de parques rivereños que van desde el Lago Michigan hasta la altura de la Trump Tower de Chicago. Hay muchos edificios interesantes en el camino, realmente maravillas de la arquitectura de rascacielos. De diversas épocas y diferentes alturas, una delicia para quien disfruta el turismo urbano.



Luego de juntarse con el North Chicago River, el recorrido sigue hacia el sur, se pasa la Torre Willis, de la que se tienen hermosas vistas y se llega hasta una zona industrial y ferroviaria, para mí, también muy interesante. A esa altura el bote da vuelta y empieza el retorno.




En el camino hay muchos puentes levadizos, uno en cada calle que cruza el río. De ida todos estaban abajo y, por lo que nos comentó la guía, es extraño que se levanten. De regreso, tras pasar la confluencia del North Chicago, empezamos a seguir un velero que si requería que los puentes levadizos se levanten. Algo totalmente imprevisto, que fue una experiencia hasta increíble, ver los pesados y antiguos puentes de hierro levantarse fue impagable.




Chicago es una ciudad tan interesante que seguro volveré, al menos eso espero. Y estando allá, pasear nuevamente por el río es algo que resulta para mi ineludible. Supongo llegado el momento investigaré sobre tours y tomaré uno más largo.


Yellowstone (para no amantes de la naturaleza)

Reconozco que no soy un amante de la naturaleza. Soy un viajero “urbano”. Prefiero pueblos y ciudades; sin embargo, visitar Yellowstone fue ...